Bueno no pude dejar de ver las similitudes con La Historia Interminable, siendo los dos autores alemanes; para empezar ambos son libros que se contienen a sí mismos, osea en la historia aparece el libro, ambos libros hablan de dos niños sin madre que son apasionados de la lectura, bueno uno es niño y el otro es niña, sin embargo aquí el papá juega un papel importante, por lo que sin más preámbulos aquí viene de lo que se trata.
Cornelia Funke se declara abierta admiradora de JKR, fue eso más que otra cosa lo que me impulsó a leer este libro.
Cuantas veces al leer un libro hemos deseado sumergirnos en la historia, hacer hechizos, convocar objetos, volar sobre un dragón, ¿que pasaría si esto fuera posible?
Meggie es amante de los libros, en su mundo no existen cosas más importantes que su padre y la lectura, poco le afecta el no haber conocido a su madre o el llevar una vida errante por la profesión de su padre, así como el extraño mutismo de su padre sobre el pasado.
Pero una visita extraña le arrebatará el mundo tal y como lo conoce, la llevará a explorar la vida más allá de los libros y en ese trayecto también sabrá de los acontecimientos, que con tanto afán su padre le ha ocultado.
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